viernes, 21 de noviembre de 2014

La cultura del atropello

Salvador Tío en su famosísimo ensayo Amol se escribe con R escribió "y a las mujeres, que no digan tan rápido que sí, que le están quitando el gusto al romanceo". Tío, lo que no sabía es que no solo se ha aumentado de manera directamente proporcional la utilización de la l por la r al decir palabras como "amol" "pol favor" y cualquiera que se le parezca, si no que la cuestión esta de la falla al romanceo como que también se ha perdido de manera creciente con el pasar de los años.

Resulta curioso como un ensayo escrito hace décadas hace alusión a las costumbres que se han vuelto tan particulares de nuestra generación: atropellar. Se nos hace de costumbre atropellar todo, letras, infancias, comunicación, gustos, romance, énfasis en esta, romanceo. Porque es que a nadie ya le gusta usar la r, mucho menos expresar como se sienten o expresarse en general, los gustos ya no son más que excusas para darle leña al fuego llamado capitalismo, y el romanceo quedó atrás tan pronto descubrimos que ignorando un mensaje de texto se resuelve todo.

Se ha creado entonces la cultura del atropello con un apogeo en la tradición del "picheo" bastante particular. Se nos ha caracterizado por ser seres polígamos (pero la palabra nadie la admite) teniendo relaciones iguales de efímeras que eyaculación primeriza; completamente nulas. El proceso en todas es bastante similar; sin comienzo específico y sin fin a ser aclarado, y entre ambos puntos inconclusos solo un par de días.

Aunque les cueste admitirlo, la valentía quedó atrás también tan pronto al Zuckerberg ese le dio la gana de inventarse los likes. Twitter siguió con los favorites y de pronto se creó una plaga en las redes sociales que gritaba "QUIERO CONTIGO"; a pesar de ser excusado como un mero gesto de apoyo moral (sí claro). Todo se resuelve pasando horas largas en el perfil de la persona de interés, teniendo sumo cuidado con la estrategia de fotos a apoyar moralmente, y luego, esperar a que capten la indirecta ya tan saturada que se sobre entiende, y devuelvan el gesto. Una vez se devuelve el gesto, el resto de la relación pasa igual de rápido que engordar en año prepa. En un abrir y cerrar de ojos se comparten las primeras palabras tímidas y en menos de dos o tres conversaciones ya están listos para dar por acabado el asunto.

Luego de que se maten las ganas, o simplemente decidan que alguien más atractivo los está apoyando moralmente también con los benditos pulgares, corazones, o estrellitas, se comienza la disolución lenta (pero completamente notable) de la relación intensa que tomó lugar en sus tres días de conversación ininterrumpida. Los buenos días poco a poco desaparecen, se les deja saber que lo viste pero no quieres contestar y luego la persona entenderá a su manera que ya no te interesa.

Solo le faltó a Salvador establecer que poco luego de su ensayo, todos seríamos cobardes detrás de monitores que estamos aterrados ante la idea de cualquier cosa que nos recuerde que somos humanos. Cada vez queremos ser más como el aparato electrónico que llevamos en la mano; frío, muerto, falso. Y es triste decir, que cada día nos acercamos más.

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