lunes, 2 de marzo de 2015

Sigamos viendo Netflix


Compatriotas universitarios, les presento en este, lunes 2 de marzo una teoría que quizás cambie su perspectiva sobre la responsabilidad. Aunque controversial, creo firmemente en las palabras que ahora escribo: la frecuencia de procrastinación en sus vidas es directamente proporcional a su capacidad. Sí, así mismo como leyó.

Para defender mi hipotesis es necesario establecer la diferencia entre ser irresponsable y procrastrinar. Todos hemos estado a horas de entregar una monografía, un quizz, ensayo oier trabajo, sin embargo la llamada a ver Netflix por un par de horas es mucho más latente. De pronto, tarde en la madrugada notamos que es ahora o nunca. Es este preciso momento donde se puede discernir entre ambos: un irresponsable se acostaría a dormir, aquellos que procrastinamos confiamos en nuestra capacidad para construir pensamientos completos y con fundamento en un par de horas, dos o tres shots de café y unas buenas ojeras de evidencia al día siguiente.

No me tomen a mal, aunque este es mi caso en el 99.9% de las ocasiones, la costumbre de confiar en mi capacidad no me excluye de los mal ratos a los que me he visto enfrentada por culpa de la falta de tiempo. Nunca pongo en duda poder terminar mi tarea a tiempo, pero de eso a que de pronto a mi primter lo posea un demonio malévolo cuyo propósito es que mi trabajo no se imprima, o que por ninguna razón se vaya la luz, o peor aún, el internet, está completamente fuera de mis manos.

Ante ambos postulados solo quiero concluir que los veo, los siento, los entiendo, y soy. Soy parte del club de los procrastinadores. Lo que nadie entiende es que la práctica sigue vigente por nuestra infalible aptitud de propulsar nuestros instintos de desesperación por el riesgo de una buena colgá' y hablar mierda hasta que parezca arte.

lunes, 26 de enero de 2015

"No me llames que yo te llamo"

20150126


Sería todo fácil si en vez de tomar responsabilidad por nuestros errores todo se concediera a la culpa externa. Solía mi abuela decir que la culpa es huérfana y fea y nadie la quiere, y de grande (permitamos las comillas cuando me refiero a mi misma con ese término) he comprendido a qué se refiría. Nadie quiere hacerse responsable de nada que no sea positivo, porque la responsabilidad pesa, y todos somos tan frágiles. Por lo tanto, todo es culpa de la sociedad, de la gente, del pueblo, de la cultura. Pero en realidad, como compendio todos los seres creamos esa sociedad, asi que la culpa, así como el pan y los pescados se divide para todos como buenos hermanitos en la fe, y en las pocas vergüenzas.

Mi introducción sirvió como ejemplo del punto que estableceré sin más rodeos: quisiera echarle la culpa a la sociedad de muchas cosas, como el tema con el que los voy a marear hoy. Aunque la universidad no me introdujo a este mundo, sino unas películas con un sentido del humor bastante barato de esas que frecuentan en Hollywood, se me hace bastante fácil reconocer de quien es la culpa del fenómeno al que me gusta llamarle "no me llames". El no me llames se refiere a las relaciones características del siglo 21 donde nos fascina adjudicar términos del capitalismo a nuestras relaciones interpersonales, entre ellas el "lay away".

A todos (me incluyo) nos fascina tener personas en el lay away. Esos objetos que aunque queremos, no estamos listos para la responsabilidad absoluta de poseerlo, por lo tanto la tienda nos permite tomarlo prestado cuando las ganas aprieten y las hormonas se revuelquen y luego devolverlo sin compromiso alguno (valga mencionar que considero que si este fuese el caso real al momento de hacer compras habrían muchas denuncias a DACO por sanidad y falta de pulcritud).  La culpa la tenemos todos. Es más fácil tomar prestado y no hacerse responsable del juguete a usarlo de vez en cuando y no hacerse cargo si se rompe.

Todo es color de rosa hasta que nos toca estar en esa pocisión. Todo es bello hasta que nos ponen en lay away. Entonces ya deja de ser divertido. Ya no le encontramos la peculiaridad a la frase de "no me llames, que yo te llamo" porque entendemos que así como lo practicamos nos toca ahora ser sujetos a las hormonas y disponibilidad de otro, y al final del día si te rompen, no estarán ahí para reponer los pedazos.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La cultura del atropello

Salvador Tío en su famosísimo ensayo Amol se escribe con R escribió "y a las mujeres, que no digan tan rápido que sí, que le están quitando el gusto al romanceo". Tío, lo que no sabía es que no solo se ha aumentado de manera directamente proporcional la utilización de la l por la r al decir palabras como "amol" "pol favor" y cualquiera que se le parezca, si no que la cuestión esta de la falla al romanceo como que también se ha perdido de manera creciente con el pasar de los años.

Resulta curioso como un ensayo escrito hace décadas hace alusión a las costumbres que se han vuelto tan particulares de nuestra generación: atropellar. Se nos hace de costumbre atropellar todo, letras, infancias, comunicación, gustos, romance, énfasis en esta, romanceo. Porque es que a nadie ya le gusta usar la r, mucho menos expresar como se sienten o expresarse en general, los gustos ya no son más que excusas para darle leña al fuego llamado capitalismo, y el romanceo quedó atrás tan pronto descubrimos que ignorando un mensaje de texto se resuelve todo.

Se ha creado entonces la cultura del atropello con un apogeo en la tradición del "picheo" bastante particular. Se nos ha caracterizado por ser seres polígamos (pero la palabra nadie la admite) teniendo relaciones iguales de efímeras que eyaculación primeriza; completamente nulas. El proceso en todas es bastante similar; sin comienzo específico y sin fin a ser aclarado, y entre ambos puntos inconclusos solo un par de días.

Aunque les cueste admitirlo, la valentía quedó atrás también tan pronto al Zuckerberg ese le dio la gana de inventarse los likes. Twitter siguió con los favorites y de pronto se creó una plaga en las redes sociales que gritaba "QUIERO CONTIGO"; a pesar de ser excusado como un mero gesto de apoyo moral (sí claro). Todo se resuelve pasando horas largas en el perfil de la persona de interés, teniendo sumo cuidado con la estrategia de fotos a apoyar moralmente, y luego, esperar a que capten la indirecta ya tan saturada que se sobre entiende, y devuelvan el gesto. Una vez se devuelve el gesto, el resto de la relación pasa igual de rápido que engordar en año prepa. En un abrir y cerrar de ojos se comparten las primeras palabras tímidas y en menos de dos o tres conversaciones ya están listos para dar por acabado el asunto.

Luego de que se maten las ganas, o simplemente decidan que alguien más atractivo los está apoyando moralmente también con los benditos pulgares, corazones, o estrellitas, se comienza la disolución lenta (pero completamente notable) de la relación intensa que tomó lugar en sus tres días de conversación ininterrumpida. Los buenos días poco a poco desaparecen, se les deja saber que lo viste pero no quieres contestar y luego la persona entenderá a su manera que ya no te interesa.

Solo le faltó a Salvador establecer que poco luego de su ensayo, todos seríamos cobardes detrás de monitores que estamos aterrados ante la idea de cualquier cosa que nos recuerde que somos humanos. Cada vez queremos ser más como el aparato electrónico que llevamos en la mano; frío, muerto, falso. Y es triste decir, que cada día nos acercamos más.

martes, 28 de octubre de 2014

Atracciones Fatales

El ébola lleva años en el planeta y ahora se habla de él. Con mucha pena tengo que decir hoy que otra enfermedad mortal, en muchos casos incurable lleva siglos de siglos afectando la comunidad estudiantil y nadie ha tenido las agallas (por no decir cojones) de hablar sobre ella. No puedo callar mas.

Es redundante decir que al momento de llegar a clase razones no nos faltan para mirar al carajo, no prestar atención y luego quejarnos cuando nos dan la nota del examen porque el profesor/a no supo explicar. Es vital entonces mencionar que sí existen algunos factores que nos hacen querer asistir a clase sin falta, no cambiar la vista del bombón que nos habla por hora y media y (vamos nadie lo niegue) fantasear sobre todas las cosas que les pediríamos que nos enseñara a solas sobre su escritorio. sin ropa.

Resulta de mas negarlo gente, todos sabemos que está presente en nuestro pan de cada día. Hablando por experiencia propia, aunque quizás el físico es uno de los catalizadores del enchule que te torturara por el resto del semestre, la propiedad de autoridad ligada a una fantasía de porno barato ligada a nuestro inconsciente es mas responsable que cualquier otra cosa. Imaginarlos diciéndonos que hemos sido malos estudiantes,  y que merecemos ser castigados provoca ganas suficientes como para nunca faltar.

Ahora bien, también me gustaría mencionar de las cosas comunes que he visto, escuchado y pues, sentido cuando se trata de estas atracciones fatales por lo que creo que es indispensable mencionar los síntomas. La condición tiene tres fases; la primera es caracterizada por los comentarios a broma. Es en ésta cuando por no querer admitir lo que sucede, le decimos a nuestros compañeros/as del lado nuestras opiniones buscando un sondeo general para ver si quien único la padece es el mismo.

La segunda, (dónde el cuadro se complica) es como los alcohólicos anónimos, la aceptación. Es en este donde la vergüenza pasa a segundo plano y las ganas de llevarse al profe a la cama empiezan a tomar control de uno. Empezamos a mirarl@ como lo miraríamos entre las sabanas, a escribir como si estuviésemos escribiéndole en la espalda y ya es inevitable verl@ y no sentir las cosquillas en la entrepierna (ya asígnese cada cual su género). La tercera fase, la mas peligrosa, es cuando ya nuestras ganas se convierten en pulsiones y comenzamos a actuar sobre nuestra atracción. En el cuadro clínico típico luego de varios piropos fallidos nos rendimos, pero con la mas efímera esperanza de lograr el home run, todos sabemos que no nos rendimos hasta que acabe el semestre, total; después de que te deja de dar clase ya técnicamente no es ilegal no?

martes, 21 de octubre de 2014

Flechad@

Mientras caminaba hoy en mis asuntos medulares, noté entre mis rutinas la rutina de tí. Ese microcosmos que se define con tu nombre y apellido que aunque haya querido obviar, me he tomado por sorpresa observando en varias ocasiones. Sin notarlo, todos hemos sido víctimas de esto. Te observo de lejos, caminando con esa sonrisa que te define, con las mismas amistades de siempre, y un espacio a tu izquierda que quisiera fuese mío. Pero no lo es.

Entonces me pregunto como es posible que seas tu parte de mi rutina y ni siquiera sepas que existo. Me cuestiono si has notado que cambio mis rutas para pasarte por el lado sin querer queriendo, esperando a cambio solo la leve oportunidad de que por dos o tres segundos me mires, y sepas que estoy, que existo.

Es así como noto que soy parte del mar, del mar de personas cuyas gotas favoritas miran desde lejos, con una admiración parecida a la que se le tiene a una gran pintura que no se puede tocar. Porque nos parecen magia, falacia, mentira. Y si algún día notas que soy real, me convertiría yo en la obra de arte para asimilar la perfección  a la que me conformo con solo admirar.

lunes, 20 de octubre de 2014

Por el polvo vivimos

Me frustra pensar que no doy a basto. Tengo tanto que decir y las palabras no me dan. Quisiera poder cambiar tantas cosas y no puedo. No entiendo la estúpida creencia de que mi genitalia habla más de mi que mi cerebro. Que la anatomía que un cromosoma que no pude escoger me va a condenar de por vida. Entonces, podemos en realidad hablar sobre una opción entre ser y no ser cuando antes de existir ya me habían sellado en la frente con una marca en fuego ardiente que nunca iba a poder borrar. Podemos decir entonces que escogemos entre estar y no estar cuando no hago más que nacer y lo que tengo en la entrepierna me da mi lugar, ese maldito puto lugar del que es más difícil escapar que respirar porque hasta respirar es determinado por como me relaciono con mis otros. De qué libertad hablamos cuando estoy atrapado-a en el género que le adjudico a mis verbos? El sujeto soy yo pero el verbo me lo marcan, me lo queman en la frente. Y si fallo con las expectativas de mis cromosomas soy yo el problema. Qué coños da ya la falda, el pantalón, la x, la y, el tinte, las tetas, el pene,  y todo lo que falta. De qué vale si al fin y al cabo del polvo venimos, al polvo vamos, y por echar polvo vivimos.

A medias

     'En la union esta la fuerza' otra más de las falacias de las que nos enteramos al llegar a la universidad. Resulta que aparte de la apatía normal por el resto de la humanidad a la que me enfrenté en mis primeras semanas, los trabajos en grupo no hicieron más que empeorarla. Quisiera saber a quién demonios se le ocurrió que el 75% de mi nota se base en la irresponsabilidad de mis compañeros que se creen que no fui a Bavaria y los vi alcoholizandose hasta con el oxígeno y luego tienen la cara de decirme que tienen Chinkungunya. A menos de que el Aedes Aegypti haya producido una cepa nueva cuya manera de contagio sea un buen hangover, que no intenten cogerme de pendej@.

     Entiendo que aparte de mi caso singular, esta situación es una a la que muchas personas pueden verse identificadas. Al final del día la lección mas vital es aquella que te enseña a solo confiar en tu desempeño porque válgame, desde que se inventaron las excusas nadie queda mal. Así que vamos, tírenme con los sobrinos enfermos, las enfermedades con nombres raros, y no me extrañaría que a algunos se les ocurriese decirme que tienen síntomas de ébola. Creatividad no les falta al momento de darme razones que excusen el hecho de que el hangover siempre sera más importante que la nota.

    Quisiera poder tener la solución perfecta para asuntos como este, pero no las hay. Con el tiempo he entendido que las mejores intenciones no siempre nos brindan un completo, casi siempre nos quedamos a medias.