Mientras caminaba hoy en mis asuntos medulares, noté entre mis rutinas la rutina de tí. Ese microcosmos que se define con tu nombre y apellido que aunque haya querido obviar, me he tomado por sorpresa observando en varias ocasiones. Sin notarlo, todos hemos sido víctimas de esto. Te observo de lejos, caminando con esa sonrisa que te define, con las mismas amistades de siempre, y un espacio a tu izquierda que quisiera fuese mío. Pero no lo es.
Entonces me pregunto como es posible que seas tu parte de mi rutina y ni siquiera sepas que existo. Me cuestiono si has notado que cambio mis rutas para pasarte por el lado sin querer queriendo, esperando a cambio solo la leve oportunidad de que por dos o tres segundos me mires, y sepas que estoy, que existo.
Es así como noto que soy parte del mar, del mar de personas cuyas gotas favoritas miran desde lejos, con una admiración parecida a la que se le tiene a una gran pintura que no se puede tocar. Porque nos parecen magia, falacia, mentira. Y si algún día notas que soy real, me convertiría yo en la obra de arte para asimilar la perfección a la que me conformo con solo admirar.
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