lunes, 20 de octubre de 2014

Por el polvo vivimos

Me frustra pensar que no doy a basto. Tengo tanto que decir y las palabras no me dan. Quisiera poder cambiar tantas cosas y no puedo. No entiendo la estúpida creencia de que mi genitalia habla más de mi que mi cerebro. Que la anatomía que un cromosoma que no pude escoger me va a condenar de por vida. Entonces, podemos en realidad hablar sobre una opción entre ser y no ser cuando antes de existir ya me habían sellado en la frente con una marca en fuego ardiente que nunca iba a poder borrar. Podemos decir entonces que escogemos entre estar y no estar cuando no hago más que nacer y lo que tengo en la entrepierna me da mi lugar, ese maldito puto lugar del que es más difícil escapar que respirar porque hasta respirar es determinado por como me relaciono con mis otros. De qué libertad hablamos cuando estoy atrapado-a en el género que le adjudico a mis verbos? El sujeto soy yo pero el verbo me lo marcan, me lo queman en la frente. Y si fallo con las expectativas de mis cromosomas soy yo el problema. Qué coños da ya la falda, el pantalón, la x, la y, el tinte, las tetas, el pene,  y todo lo que falta. De qué vale si al fin y al cabo del polvo venimos, al polvo vamos, y por echar polvo vivimos.

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