Tratar de hacer lógica de todas las cosas que ocurren en nuestra universidad resulta igual de imposible que ir a hacer compra con hambre, es demasiado optimista. Sin embargo, una de las primeras características que noté de este mundo que ahora me recibe es la costumbre algo mundial de mantener conversaciones (en algunos casos bastante íntimas) con aquel compatriota del trono de nalgas en el que nos sentamos a liberar nuestros estrés, entre otras cosas.
Si algún cuestionamiento racional deber´â establecer de esta costumbre es que por siempre tendré la duda de saber si Kany García alguna vez entendió que en el baño hacemos los amigos más cercanos y no siempre necesitan baterías. En el punto más vulnerable de cualquier ser humano, aparentemente a manera común nos encontramos todos con la curiosidad de abarcar temas como la sexualidad y su frecuencia en lugares públicos, la existencia de Dios (valga, que bonito lugar para plasmar la presencia del 'todo poderoso' por el resto de los siglos, al lado de tus mojones), o incluso los planes del futuro.
Ya nadie necesita revistas cuando se trata de pujar. Hemos aprendido a pujar no solo nuestras heces fecales en el baño, sino todos nuestros problemas a aquellos que nos acompañan en la difícil tarea de cagar en un baño público. Entendamos de una vez por todas que la manera más efectiva de hacer amigos, es dejando nuestro número de teléfono en la puerta ya que aunque lo neguemos, todos nos ponemos a leer las interesantes conversaciones que toman lugar desde el trono.
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